jueves, 19 de febrero de 2009

ASUMIR EL RIESGO (y III)

En días pasados hablé del caso del parricida adolescente que, quince años después, tuvo que abandonar un concurso de televisión debido a la presión social para que lo hiciera. En las dos ocasiones anteriores en que abordé el tema me referí a lo injusto que consideraba esa situación y a como el internet contribuye a desvelar nuestra intimidad. Hoy quería hablar de la personalidad de ese individuo en sí a partir de lo poco que se pudo entrever de él durante el escándalo.
Lo primero que me sorprende es el hecho que se hubiera expuesto a aparecer en un reality show cuando es sabido que el pasado de aquellos que descuellan en este tipo de programas es escrutado con particular intensidad. Podríamos pensar en un acto supremo de imprudencia por su parte, pero más bien me inclino a pensar que siente algún tipo de resentimiento porque considera injusto que su pasado lo condene de forma perpetua, y que su decisión de participar en el programa fue una especie de reto que le planteaba a la sociedad en abstracto. Que estaba destinado a perderlo debía ser evidente hasta para él mismo y, aún así, decidió arrostrarlo. También es evidente que su vida va a empeorar a partir de ahora y ello no hará más que acrecentar su resentimiento, por lo que su plena reinserción será todavía más difícil y lo, más importante, confirmará las expectativas que la gente se hace de gente con un comportamiento en el pasado como el suyo.
Me parece importante esto último porque una de las justificaciones que he oído en boca de gente que participó en su linchamiento mediático, es la de que se trata de un psicópata que debería estar encerrado de por vida para evitar que pudiera dañar a alguien. Es posible que el tipo tenga esa enfermedad mental, pero no tengo claro hasta qué punto eso es una solución. Los desórdenes en la conducta, desde la simple depresión hasta las psicopatologías más graves, son más frecuentes de lo que imaginamos. El problema es que, a medida que se conocen más se corre el riesgo que aquellos que los padecen se conviertan en los nuevos leprosos. Sigamos con el ejemplo de los psicópatas, el más extremo de todos. Se trata de gente incapaz de sentir empatía hacia los demás y por tanto, absolutamente indiferentes a los sentimientos de otra gente. En realidad sólo una ínfima minoría de ellos acaban convirtiéndose en asesinos seriales, pero sí pueden causar infelicidad a la gente que les rodea ya que la tratan como objetos para alcanzar sus fines. Pues bien, parece ser que se trata de un desorden de la conducta bastante extendido pero, lo que es peor, frecuente entre los mandos medios de cualquier organización (empresa, ejército, administración pública...), lo que amplía el número potencial de sus víctimas.
Lo que yo me pregunto es si la mayor parte de los problemas que causan estos individuos se debe a su mera existencia o al hecho que, tal como está organizada la sociedad, el daño que pueden causar se incrementa exponencialmente. Me parece reveladora la superabundancia del perfil psicopático en los mandos medios de las organizaciones que acabamos de referir, pues prueba que sus comportamientos en realidad son afines con las políticas de estas organizaciones (basadas en la explotación de los individuos) y, por tanto, premiados. En una sociedad sana este tipo de individuos quedarían relegados por la propia dinámica social, de modo que su capacidad de hacer daño disminuiría considerablemente.
Otro ejemplo sería el de la difusión de las armas entre la población. Cuando alguna persona enloquecida provoca una masacre la responsabilidad es compartida entre ese individuo y una sociedad que permite que cualquier persona tenga acceso a las armas de fuego. En el fondo, en un ambiente de violencia estructural el número de psicopatologías se incrementa, pero es que encima se facilita que las personas trastornadas causen dolor a los demás. Si, como parece, la existencia de gente con alteraciones en la conducta es inevitable debemos asumir el riesgo de convivir con ellos, igual que aceptamos otro tipo de riesgos. En todo caso, trabajemos por cambiar un entorno que los hace aún más peligrosos.

No hay comentarios: